Por: Dra. María Soledad Morales-Covarrubias

Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C. Unidad Mazatlán en Acuicultura y Manejo Ambiental, Apdo. postal 711, Mazatlán, Sinaloa, México, C.P. 82000.

En camaronicultura los animales se cultivan en estanques, tanques, lagunas y jaulas. El medio ambiente acuático abarca una amplia variedad de parámetros y prácticamente todos ellos influyen sobre el mantenimiento de la homeostasis, siendo esenciales para el crecimiento y reproducción de los camarones. Si estos factores se alteran más allá de los límites aceptables, pueden predisponer o incluso causar alguna enfermedad. Entre los más importantes se encuentran los factores físicos tales como: temperatura, intensidad y periodicidad de la luz (incluyendo el sombreado y los colores de fondo), composición química del agua, su contenido biológico, disponibilidad de espacio y alimento.

La calidad del agua está influenciada por los parámetros fisicoquímicos como la temperatura, salinidad, pH y oxígeno disuelto, además de la presencia de los compuestos nitrogenados (amonio, nitrito y nitrato) que en altas concentraciones son tóxicos para los organismos. Asimismo, el agua de los estanques camaronícolas —especialmente en sistemas— se caracterizan por ser ricos en nutrientes (nitrógeno y fósforo), siendo un medio favorable para el crecimiento y reproducción de patógenos.

En las granjas camaronícolas, las enfermedades se presentan por la interacción de variables ambientales, por manejo inadecuado o por la presencia de agentes patógenos y condiciones no óptimas tanto nutricionales como inmunológicas de los organismos en cultivo. En dicho ambiente, los organismos cohabitan o están infectados de numerosos agentes patógenos sin generarles enfermedad; esta situación se establece por un equilibrio entre la tolerancia del huésped y la virulencia del agente patógeno. Dicha condición se rompe cuando existen factores de estrés suficientemente importantes para que el animal enferme. El estado de enfermedad se traduce en los camarones por la aparición de anomalías: síntomas y lesiones, lo que supone un descenso de los rendimientos y, a menudo, la muerte de los organismos infectados. Estas manifestaciones mórbidas tienen causas de orden físico, químico o biológico (figura1), actuando solas o en asociación, con el fin de perturbar las funciones fisiológicas del animal. Los bioagresores —que representan las causas biológicas de enfermedad— son los virus, bacterias, hongos y protozoarios y su fisiología está condicionada por factores físicos y químicos del medio ambiente, pero se requiere identificar con precisión cuál es el agente causal, para evitar problemas posteriores como resistencia que complique en el futuro su tratamiento.

Aunque la mortalidad sea a menudo el principal indicador de una enfermedad, ésta va precedida de un cuadro clínico, cuya observación permite, según los casos, elegir una muestra, orientar el diagnóstico o asegurarlo según los medios de apreciación de los parámetros del medio ambiente y el conocimiento de los antecedentes patológicos de la explotación en la que se trabaje.

Por ello, es necesario aplicar herramientas de diagnóstico presuntivo como el análisis en fresco que nos permita dar un resultado rápido y seguro para aplicar medidas preventivas, y de esta manera evitar que la enfermedad progrese y avance a niveles críticos donde pueda afectar la supervivencia del camarón.

Elementos de la tríada epidemiológica (modificado de Rosales-Ortega, 2012).

Análisis en fresco

El análisis en fresco es uno de los principales métodos de diagnóstico para la supervisión del estado de salud del camarón; es una herramienta rápida y eficiente que se realiza en campo y en laboratorio. Consiste en la observación y disección del camarón, para revisar alteraciones en su anatomía externa (cefalotórax, abdomen, apéndices, etc.), órganos y tejidos (branquias, hepatopáncreas e intestino) (figura 2). Su sensibilidad depende de la característica de la técnica, de la carga infectante, de la biología de los patógenos, del conocimiento del huésped, del transporte y preparación de la muestra, de equipo adecuado para su diagnóstico y de la disponibilidad de tiempo y experiencia de observador.

Figura 2. Anatomía externa de Penaeus vannamei donde se observa cefalotórax y abdomen (1), uropodos y estadio de muda (2), branquias (3), hepatopáncreas (4) e intestino (5).

Anatomía externa e interna del camarón

El camarón Penaeus vannamei está cubierto por un exoesqueleto o cutícula, el cual requiere de mudas periódicas para su crecimiento, dividido en 2 regiones con funciones específicas (tabla 1): cefalotórax, donde se encuentran la glándula antenal, órgano linfoide, hepatopáncreas, corazón, ciego hepático anterior, y abdomen constituido por seis segmentos distintos donde se puede observar el intestino, ciego hepático posterior y músculo.

 

Tabla 1. Funciones principales de los órganos y tejidos del camarón blanco (tomado de Morales-Covarrubias, 2010).
Órgano/tejido Función
Antenas Sensores táctiles (detección de depredadores)
Anténulas Quimiorreceptores
Branquias Respiración, excreción, osmorregulación y fagocitosis
Exoesqueleto Soporte y barrera protectora
Hepatopáncreas Digestión, absorción de nutrientes y almacén de energía
Intestino (boca, esófago y estómago) Captura, proceso de masticar y almacenamiento temporal del alimento
Intestino medio Absorción y excreción del alimento
Mandíbulas, palpo mandibular y escafognatito Sensores táctiles, para tomar partículas de alimento y movimiento de agua sobre las branquias
Músculo abdominal estriado Contracciones rápidas para escapar de los depredadores
Pereiópodos y pleópodos Locomoción y quimiorrecepción
Urópodos y telson Éstos trabajan en conjunto para ayudar en los desplazamientos (natación) y mejoran su propulsión.

 

Cómo reconocer que un camarón está enfermo

Todos los seres vivos cuando tienen alguna enfermedad lo manifiestan de varias maneras y los camarones no son la excepción, ya que pueden evidenciarla por alteraciones del comportamiento que afectan principalmente las funciones de relación (capacidad de responder o percibir a estímulos) y de nutrición; las primeras trastornan el equilibrio estático o locomotor, el mimetismo, el dinamismo del animal que oscila entre la hiperexitabilidad y la postración.

Las funciones de nutrición requieren, en primer lugar, apetito; la inapetencia es factor común en las infecciones y, en todos los casos, el indicador de la presencia de una anomalía. El ritmo respiratorio es necesario observarlo, pues su irregularidad indica a menudo una afección branquial o una perturbación del medio ambiente. Las lesiones externas afectan en primer lugar el estado general y las proporciones corporales (deformaciones); alteran también la presencia de cuerpos extraños y las secreciones (moco), además de los cambios de pigmentación, la aparición de heridas y la coloración en el organismo (figura 3).

Figura 3.Penaeus vannameicon coloración normal (A); deformación en abdomen (B); melanización y necrosis multifocal (C) y coloración rojiza (D).

 

Manifestación de patogénesis

La forma como se manifiestan los agentes patógenos depende fundamentalmente de lo siguiente: 1) la especie debido a la susceptibilidad; 2) patogenicidad del agente infeccioso; 3) influencia del medio ambiente (calidad del agua) y 4) manejo biotecnológico de las especies. El fenómeno que designamos regular e indiscriminadamente como estrés se presenta cuando se producen cambios bruscos en uno o más parámetros fisicoquímicos del agua, por lo que es importante realizar observaciones periódicas, con especial cuidado en los cambios climatológicos, y valorar cuidadosamente los procesos de eutroficación, en especial cuando se trata de cultivos intensivos.

Principales enfermedades causadas por bioagresores

Los virus, bacterias, protozoarios y hongos (figura 4) representan las causas biológicas de enfermedad; la fisiología de algunos de estos bioagresores está condicionada por factores fisicoquímicos del medio ambiente. Su penetración puede ser mediante tres vías: la digestiva, la respiratoria y la transcuticular. Por la vía digestiva se puede producir infección por numerosos parásitos. En la vía respiratoria, la superficie branquial es recorrida por una corriente de agua, bajo una ligera presión, que aporta, al contacto, todos los elementos en suspensión en el medio acuático, por ello bacterias, hongos y virus tienen todas las probabilidades de penetrar. Por vía transcuticular, cuando ésta ha sido dañada, se da una infestación tanto por hongos como por bacterias. Los virus y las bacterias tienen principalmente dos vías de penetración: la branquial y la mucosa digestiva.

En nuestra próxima entrega ofreceremos la parte II de la investigación de la Dra. Morales-Covarrubias.