Autoridades, investigadores y comunidades unen esfuerzos para aumentar la producción de este rubro, cuyo delicado sabor se enriquece gracias a las condiciones únicas que ofrece el Mar Caribe.

Texto: Nancy A. Martínez – CNP 7.823

Fotos:Cortesía MSc. María Fernanda Capecchi (Minpesca)

Al nororiente de Venezuela, específicamente en los estados Sucre y Nueva Esparta, existen diversas comunidades cuya subsistencia está estrechamente vinculada a los provechos que genera su ubicación frente a las costas venezolanas bañadas por el mar Caribe.

En esta zona, investigadores y autoridades —luego de evaluar el potencial de la zona para el establecimiento de cultivos marinos— optaron por impulsar la acuicultura artesanal, mediante la cría del mejillón marrón (Perna perna) y el mejillón verde (Perna viridis) como base de un sistema socioproductivo donde las comunidades organizadas son los protagonistas.

María Fernanda Capecchi, directora de Acuicultura Marina del Ministerio del Poder Popular para la Pesca y Acuicultura (Minpesca), explicó que, con la instalación de estas unidades mejilloneras, esperan brindar beneficios a estas comunidades, las cuales históricamente han dependido de la pesca artesanal. De esa forma, esas poblaciones con su saber ancestral se incorporan y avanzan en el cultivo de mejillones, asistidas por investigadores, técnicos y autoridades.

En el estado Sucre, son las comunidades pesqueras de La Fragata, Turpialito, Carenero y Pericantar —en el golfo de Cariaco—, así como La Esmeralda, cercana a Carúpano, las que realizan el cultivo de mejillones en balsas flotantes y sistemas de cuerdas (long-line).

Entretanto, en Nueva Esparta quienes están adelantando estas iniciativas productivas son las comunidades de El Palotal y Güirigüire, en La Guardia (municipio Díaz), así como en El Manglillo (península de Macanao) y en El Bichar en la isla de Coche, que trabajan con las llamadas “balsas flotantes” e introducen innovaciones con sistemas de flotación basados en tubos de polietileno, probando iniciativas tecnológicas que procuran independencia y sustentabilidad.

 

Tecnología popular

Uno de los aspectos más interesantes del programa que impulsa Minpesca es la implantación de tecnologías que utilizan materiales nacionales, lo cual garantiza la sustentabilidad en el sistema de producción del mejillón.

Dos métodos productivos son evaluados: uno con balsas flotantes de PVC con cuerdas suspendidas y otro —conocido como long-line— consistente en líneas de cuerdas horizontales (líneas madres) con tambores de 60 litros para la flotación, de los cuales se suspenden las cuerdas para el crecimiento de los mejillones.

En el primero, técnicos y acuicultores construyen las balsas junto a los pescadores, y realizan la siembra y cosecha de las mismas. El costo de una balsa flotante de PVC de 3 x 3 metros asciende a un aproximado de 4,5 millones de bolívares, con 2 ciclos productivos de 4 meses cada uno. Este costo incluye todos los materiales para la construcción de la balsa, además de los gastos de instalación, gasolina y aceite para el motor de la lancha que utilizan en la siembra, monitoreo y cosecha.

Tomando en cuenta que esta balsa soporta hasta 50 cuerdas, se logró para agosto de este año 2017 la primera cosecha con una producción de mil kilos en un ciclo productivo de 4 meses, esperando duplicar los rendimientos en el plazo de un año de funcionamiento.

En este plan piloto, “ambos sistemas son evaluados con la intención de escoger el que ofrezca la mejor relación costo/rendimiento”, explica María Fernanda Capecchi. En el método de producción long-line, los costos de producción ascienden a 3,5 millones de bolívares y se espera obtener rendimientos similares.

“Nuestra intención es contar con una batería mínima de diez balsas o de sistemas de líneas madres (long-line) en cada comunidad pesquera en dos o tres años, ofreciendo así una alternativa de producción que se inserta en el nuevo modelo productivo que impulsa la Agenda Económica Bolivariana, al ofrecer una proteína de buena calidad, de acuerdo con los objetivos de Seguridad Alimentaria planteados en la Ley del Plan de la Patria”, explicó.

En apoyo al plan, las autoridades fomentan la definitiva instalación de un criadero de semilla de mejillón a corto plazo en el estado Sucre y otro a mediano plazo en el estado Nueva Esparta. Al mismo tiempo se está evaluando el potencial que ofrecen los bancos naturales existentes en la Zona Nororiental del país para suplir de la semilla necesaria de mejillón a los productores acuícolas, así como su uso sostenible por parte de las comunidades pesqueras.

 

A comer mejillón

Estamos acostumbrados a ver el mejillón en preparados comercializados en frascos de vidrio o envases de plástico a la orilla de la playa y mercados de las zonas costeras. Para algunos es el famoso “Vuelve a la Vida”, para otros evoca poderes afrodisíacos y por eso lo conocen como “Rompecolchón”, y para muchos es el sabroso preparado con el toque personal que solo pueden darle los auténticos orientales de pura cepa.

Y es que el mejillón de la Zona Nororiental no tiene comparación en el mundo. Con un vivo color naranja o blanco brillante, de un tamaño excepcional, se apresta, en uno o dos años, a conquistar mercados internacionales convirtiéndose en fuente alterna para la generación de divisas, además de sustento para la vida y desarrollo de las comunidades de Sucre y Nueva Esparta.

El vigor de este mejillón cultivado se fundamenta en los numerosos nutrientes que el grandioso río Orinoco vierte a través de su delta en el océano Atlántico. Las corrientes marinas los llevan a donde se abrazan el Atlántico y el Caribe y la naturaleza hace su trabajo, convirtiendo esos nutrientes en sabroso plancton que lleva los mejillones a su talla y peso comercial en apenas cuatro meses, mientras que en otros zonas de cultivo del mundo toma entre doce y catorce meses.

Ahora los pescadores de la zona tienen esperanzas en su progreso. Con amor preparan cada cuerda, en la cual insertan los pequeños mejillones, y las van sembrando en las costas, cerca de las orillas, para cosecharla cuatro meses después.

De acuerdo a Capecchi, se estima instalar 228 m2en balsas y sistemas flotantes para una producción estimada de 26 mil 600 kilos para 2017. Se destinará al mercado nacional, pero no descarta que, una vez se consolide la producción, lanzarse a la conquista de los mercados internacionales. Cuando el Perna pernaentre a ese mercado foráneo, por su calidad en tamaño y sabor, estiman alcanzar un precio por encima del promedio, que se encuentra en un dólar por kilo.

Por ahora, los números son favorables. Para agosto de este año, el kilo de mejillón en concha se cotizaba en dos mil bolívares, lo que permite estimar hasta dos millones de bolívares por ciclo/balsa, favoreciendo la recuperación de la inversión en un máximo de tres ciclos.