Por Pablo L. Mata A. Investigador Residente CIEP / pmata@ciep.cl

La demanda mundial por peces de cultivo se ha incrementado conjuntamente con el número de habitantes del planeta. Este incremento ha motivado el desarrollo de nuevas tecnologías de siembra y alimentación de peces que permitan aumentar la productividad y eficiencia de la industria. Desde un punto de vista global, Asia es la región del mundo líder, concentrando alrededor del 85% de la producción acuícola con más de 20 millones de productores individuales. Estas cifras confirman la necesidad de asegurar la sustentabilidad de la industria desde el punto de vista económico, ecológico y social. Desafortunadamente, la experiencia indica que la expansión de las áreas de cultivo en algunas zonas de Asia se ha llevado a cabo sin considerar la capacidad de carga de los ecosistemas y por tanto, se han generado diversos impactos negativos tanto a los centros de cultivo como al medio ambiente.

Un ejemplo es la Bahía de Sandu (un cuerpo de agua semi-cerrado de 263 km² en el Centro-Este de China) donde se inició el cultivo de Corvina Amarilla en 1995. En la zona de Qingshan (ubicada en dicha bahía) se instalaron inicialmente 1000 centros de cultivo; el 2005 se habían incrementado a 50.000 y a 260.000 en toda la bahía. Esta expansión trajo como consecuencia un gran aumento en la frecuencia de episodios de falta de Oxígeno en el agua, florecimiento descontrolado de algas nocivas, brotes epidémicos y mortalidad en peces. Un escenario similar sucedió en zonas de cultivo de moluscos. La lección aprendida fue la siguiente: Una vez que se supera la capacidad ecológica de un cuerpo de agua, éste no puede ser productivo. Los efectos negativos afectan no sólo a la trama ecológica sino que tienen consecuencias económicas y sociales profundas. Por lo tanto, el conocimiento respecto de la capacidad real de los cuerpos de agua para absorber y procesar los residuos provenientes de la acuicultura es fundamental en las labores de planificación productiva y expansión de la industria.

El 2006, el Departamento de Acuicultura y Pesca de la FAO reconoció la necesidad de desarrollar una estrategia de manejo acuícola basada en el ecosistema como una forma de fortalecer la implementación de un código de conducta responsable para las pesquerías (FAO, 1995). Es así como nace el enfoque ecosistémico de la acuicultura definido como una estrategia para la integración sustentable, equitativa y resiliente de la producción en el ecosistema marino.

Fuente: http://www.diarioaysen.cl/sitio/2018/07/21/acuicultura-moderna-y-senales-de-alarma-ecologica/