La economía azul puede considerarse una variante del concepto de economía verde aplicado a las actividades vinculadas con el aprovechamiento de los recursos marinos

 

Por Agustín Molina García. Nueva Tribuna – España*

 

España 05-10-2018.- En los últimos años conceptos como economía ecológica o verde, bioeconomía, ecología industrial o economía circular están cobrando cada vez más interés tanto desde la perspectiva de las administraciones públicas responsables de coordinar el crecimiento económico con la preservación del medio ambiente, como de las empresas cuya producción depende directamente de las existencias, cada vez más escasas, de determinados recursos naturales.

Estos modelos, cuyo surgimiento se deriva de la falta de contenido operacional con que a menudo se contempla el concepto de “desarrollo sostenible”, se presentan como una alternativa sostenible -casi disruptiva- al actual modelo de producción y consumo, proponiendo una utilización eficiente de los recursos naturales que sirva para mitigar los efectos negativos sobre el medio ambiente y para aumentar la resiliencia de los propios procesos productivos ante los riesgos naturales o de mercado.

En este contexto aparece el crecimiento azul, también denominado economía azul o economía oceánica, sinónimos de un nuevo paradigma socioeconómico enfocado al aprovechamiento sostenible de los mares y los océanos -y por ampliación de las zonas costeras- como proveedores de recursos y servicios ambientales.

El origen del crecimiento azul data de las reuniones preparatorias de la conferencia RIO+20 de 2012 y en su enfoque inicial estaba dirigido a proyectar un modelo económico que sirviera para utilizar el gran potencial de mares y océanos para combatir la pobreza y aumentar el nivel de vida de las poblaciones de las zonas costeras (1).

Posteriormente, la Comisión Europea en su comunicación “Crecimiento azul. Oportunidades para un crecimiento marino y marítimo sostenible” (2) reconoce la importancia de los mares y las costas como motores de la economía europea por su gran potencial para la innovación y el crecimiento, representando un potencial de 5,4 millones de puestos de trabajo y un valor añadido bruto de casi 500.000 millones de euros al año. Entre los ámbitos prioritarios relacionados con el crecimiento azul, señala la pesca extractiva, la energía azul, la acuicultura, el turismo marítimo, los recursos minerales marinos y la biotecnología azul.

En el fondo, la economía azul puede considerarse una variante del concepto de economía verde aplicado a las actividades vinculadas con el aprovechamiento de los recursos marinos y aunque al principio la idea de utilizar distintos colores para definir conceptos similares fue motivo de discrepancias, finalmente se estimó que, debido a la importancia de las actividades económicas relacionadas con el mar y al desconocimiento de las interacciones de éstas sobre los ecosistemas marinos y oceánicos, se justificaba claramente la conveniencia de su desarrollo.

El crecimiento azul, que se alinea con varios Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) -Objetivo 1: fin de la pobreza, Objetivo 2: hambre cero y Objetivo 14: vida submarina-, parte de la base de que para promover el aprovechamiento óptimo sostenible de los recursos marinos es esencial mantener unos ecosistemas saludables mediante la ordenación de las actividades que en ellos se desarrollan. Esto implica entender el medio ambiente marino y el de las zonas litorales no sólo como un recurso natural que debe ser protegido sino como una parte integrante de la economía y de la sociedad, es decir, como el capital natural sobre el que sustentar el crecimiento económico y el desarrollo social.

La necesidad es evidente, ya que si bien ecológicamente los entornos litorales son fronteras entre los ecosistemas terrestres y los marinos –ecotonos- caracterizados por intensos procesos de intercambio de materia y energía, son a la vez lugares donde se desarrolla una gran parte de las actividades humanas, compitiendo en muchas ocasiones por el espacio y por los recursos naturales, lo que habitualmente es fuente de problemas y conflictos.

Desde mediados del siglo pasado, las zonas litorales han sufrido una transformación muy significativa y se han convertido en un ámbito estratégico para la economía de los países de la Unión Europea. La importancia del turismo, de las actividades náutico-deportivas, de la industria de la energía relacionada tradicionalmente con el aprovisionamiento por mar de gas o de petróleo y en la actualidad con la generación de energía eólica o maremotriz, así como el papel creciente del comercio marítimo, son factores económicos clave para entender esta transformación. Debido a ello, la mayoría de las zonas costeras han relegado a un segundo plano las actividades primarias tradicionales, como la pesca y la agricultura, para adaptarse a estas nuevas funciones económicas.

Pero considerar los mares y las costas como “capital natural” y buscar su aprovechamiento óptimo sostenible entra de lleno en la problemática de la gestión de los recursos comunes. Su condición de bienes públicos, habitualmente considerados como gratuitos y de libre explotación, se ve agravada por un elevado grado de indefinición respecto a las competencias sobre su gestión administrativa.

De esta manera, como ya planteaba G. Hardin en “La tragedia de los comunes” (3), el dilema está en elegir entre que el Estado regule la explotación de estos recursos naturales -mares y costas- mediante la creación de instituciones y normativas, sancionando a quien no las respete; o bien, promover sistemas complejos de gobernanza que, involucrando a los potenciales usuarios, se encarguen de desarrollar mecanismos e instituciones para la explotación de los recursos naturales en base a la cooperación y la responsabilidad colectiva, en línea con “El gobierno de los bienes comunes” de E. Ostrom (4).

En el contexto español, donde las competencias en materia de gestión del litoral están repartidas entre las distintas administraciones públicas -Administración General del Estado, Comunidades Autónomas y administraciones locales-, la implementación del crecimiento azul debe servir para estructurar un mercado, regulado y vigilado por una autoridad intergubernamental, que distribuya con equidad los recursos y los derechos de acceso respetando los intereses de las partes implicadas e involucrándolas en su gestión, en línea con el modelo de la Gestión Integrada de Zonas Costeras (5) que la Unión Europea potencia como forma de solucionar los conflictos de uso que actualmente se generan en las costas europeas.

Atendiendo a este enfoque, como premisa para la puesta en marcha del modelo economía-crecimiento azul, será necesario avanzar en paralelo, tanto en el conocimiento de los servicios y funciones de los ecosistemas marinos y costeros -regulación del clima, ciclo del agua, secuestro de CO2, provisión de recursos, soporte de actividades, asimilación de residuos, conservación de especies, etc.-, como en la ordenación, planificación y gestión de las diferentes actividades a desarrollar teniendo en cuenta la opinión y el apoyo de todos los actores –stakeholders- que en la actualidad hacen uso de estos recursos.

La Unión Europea, tal como expresa en su estrategia de crecimiento azul, es consciente del enorme potencial de las costas, los mares y los océanos europeos

Para gestionar de forma adecuada los usos concurrentes del espacio marítimo y costero (económicos, medioambientales, culturales,…), reducir la competencia entre las diferentes actividades y establecer mecanismos de resolución de conflictos basados en la corresponsabilidad, es esencial aplicar criterios de buena gobernanza (6).

Bajo este enfoque, la actividad pesquera se conforma como un elemento clave para el desarrollo del crecimiento azul, ya que, si bien el sector pesquero ha participado en el desgaste de los recursos marinos, deben ser los pescadores, como conocedores de los mares y dependientes de su estado ambiental, los principales interesados en conservar los océanos y las zonas costeras como un recurso de largo plazo sobre el cual fundar la economía futura.

La Unión Europea, tal como expresa en su estrategia de crecimiento azul, es consciente del enorme potencial de las costas, los mares y los océanos europeos. Para ello la innovación, aplicada en todos los sectores de la economía azul, resulta crucial para contribuir a la competitividad internacional de la Unión, a la eficiencia en el uso de los recursos, a la creación de empleo y al nacimiento de nuevas fuentes de crecimiento, protegiendo el medio marino y preservando así los servicios que prestan los ecosistemas marinos y costeros (7).

Existen numerosos ejemplos –como la valorización de las capturas accesorias de la pesca, la acuicultura multitrófica integrada, la reutilización de materiales y residuos de la actividad pesquera, la obtención de biocombustibles a partir de cultivos de microalgas, o la energía eólica marina- donde la innovación y el rediseño de procesos, basados en muchos casos en enfoques de economía circular, sirve para evidenciar el elevado potencial del crecimiento azul y de sus beneficios eco-socio-ambientales.

Como conclusión se puede afirmar que la implementación de la estrategia de crecimiento azul es altamente deseable desde una perspectiva ambiental y también es rentable para las empresas y los sectores implicados. Sin embargo existen barreras para su implementación exitosa; para evitarlas y conseguir compatibilizar la gestión eficaz de las actividades con el aprovechamiento sostenible de los recursos costeros y marinos es necesario cambiar las actitudes corporativas hacia un enfoque holístico y ecosistémico.

Las regulaciones gubernamentales deben ser consensuadas con los representantes de los usuarios de los recursos al objeto de crear un marco que permita una toma de decisiones coherente, transparente, sostenible y basada en pruebas. Para ello, la ordenación de los espacios marítimo y costero basada en criterios de buena gobernanza facilitará la transición de los métodos tradicionales al enfoque de la gestión integrada de las zonas costeras, sentando las bases para lograr un equilibrio entre el crecimiento económico, el desarrollo social, la seguridad alimentaria y el uso sostenible de los recursos acuáticos vivos.

 

*Agustín Molina García. Profesor de la UPM. Miembro de la Asociación para la Sostenibilidad y el Progreso de las Sociedades, ASYPS

 

Referencias

(1) En 2013 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) pone en marcha la Iniciativa Global Crecimiento Azul como forma para impulsar el desarrollo sostenible de la pesca y la acuicultura.

(2) COM(2012) 494 final

(3) Hardin, G. (1968) «The tragedy of the commons.» Science 162(3859): 1243-1248

(4) Ostrom, E. (1990) «Governing the commons: the evolution of institutions for collective action». Cambridge University Press, Cambridge

(5) La Gestión Integrada de Zonas Costeras (GIZC) es un proceso iterativo, multidisciplinar y dinámico que promueve la gestión sostenible de las áreas litorales, buscando el equilibrio entre los objetivos medioambientales, económicos, sociales, culturales y recreativos, todo dentro de los límites que establecen las dinámicas naturales. Recomendación 2002/413/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre la aplicación de la Gestión Integrada de las Zonas Costeras en Europa.

(6) Por gobernanza se entiende un sistema de gobernabilidad más flexible, menos dirigido desde instancias jerárquicas y en el que se deben incorporar actores desde diferentes ámbitos (administración en sus distintos niveles, sociedad civil, ONGs ambientalistas, comunidad científica, empresas de explotación de recursos marinos, trabajadores del mar, …). Comunicación conjunta sobre la Gobernanza internacional de los océanos: una agenda para el futuro de nuestros océanos JOIN (2016) 49

(7) Innovación en la economía azul: aprovechar el potencial de crecimiento y de creación de empleo que encierran nuestros mares y océanos COM(2014) 254 final

 

Tomado de: https://www.nuevatribuna.es/articulo/sostenibilidad/crecimiento-azul-impulso-desarrollo-sostenible-mares-costas/20181003173828156198.html