Lic. Katherín A. Inojosa.
Grupo de Trabajo Humana, Consultora Internacional.

«Contribución de la acuicultura superará a la pesca en producción pesquera mundial para 2021». En palabras de José Graziano da Silva —director general de la FAO (siglas en inglés de la Organización para la Alimentación y la Agricultura— los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también conocidos como Objetivos del Milenio, son “el primer esfuerzo de desarrollo mundial en la historia”[1]. De esta manera el agrónomo brasileño, primer latinoamericano en ostentar el cargo y además por dos períodos consecutivos, expone la relevancia y el significado de esta acción.

Asumir los problemas y colectivizar las soluciones son en sí la mejor manera de enfrentar los desafíos que el futuro como sociedad internacional nos depara. Cada día son más las fronteras imaginarias por lo menos en la práctica; entendiéndonos como parte de un todo, surgen de la preocupación de hombres y mujeres dedicados a las ciencias puras y sociales problemas tangibles que se deben, sí o sí, solucionar.

Así las cosas, los 17 objetivos y sus 169 metas serán la base para dar forma a los planes de desarrollo destinados a erradicar la pobreza y el hambre, combatir el cambio climático y proteger nuestros recursos naturales. En tal sentido, la agenda de desarrollo mundial 2030 tiene en su centro la alimentación y la agricultura, que son una suerte de parámetros para que cada Estado diseñe y ejecute sus planes de desarrollo nacional para los próximos 15 años, todos bajo un mismo fin.

Bajo el referido esquema, el objetivo número 14 está dedicado a la conservación de la vida de los océanos y a la utilización de los mares y sus recursos de una forma sostenible y sustentable. Con este acuerdo, el mundo asume la importancia no solo de la proteína proveniente del océano, sino de su conservación para la vida.

Al respecto, el website del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD) informa que “los medios de vida de más de 3.000 millones de personas depende de la biodiversidad marina y costera. Sin embargo, 30 por ciento de las poblaciones de peces del mundo están sobreexplotadas, alcanzando un nivel muy por debajo del necesario para producir un rendimiento sostenible”[2].

El hombre, como agente contaminante e irracional ante el uso y consumo, no es sino hasta la creación de esta agenda conjunta que lo asume como un problema y plantea atenderlo: “… la contaminación marina, que proviene en su mayor parte de fuentes terrestres, ha llegado a niveles alarmantes: por cada kilómetro cuadrado de océano hay un promedio de 13.000 trozos de desechos plásticos”[3].

Asumir el objetivo 14 de ODS ya es sin duda un logro para la conservación y uso razonable y sostenible de los recursos. El 80 % de nuestro planeta está constituido por agua con una capacidad de producción natural de material proteico, lo cual lo hace una fuente importante de alimentación para el hombre. Sin duda el océano es la vida misma.

La inclusión de los océanos y sus recursos significa el reconocimiento a su importancia e impacto en estos asuntos vitales. Además, están directamente vinculados a los costos de producción, valor del producto final en el mercado, cambio en el gusto del consumidor y fenómenos climáticos.

Para 2025 se prevé que la producción pesquera llegará a 193,9 millones de toneladas, lo que equivale a un aumento de 15,2 % en comparación con el período base de estudio. La producción acuícola alcanzará 102 millones de toneladas, con lo cual se cubriría la demanda de pescado y productos del sector, como derivado de la alta demanda de la proteína en correspondencia con el incremento del resto de los productos agrícolas, según lo estima el informe de la Organización para el Desarrollo y el Crecimiento Económico(ODCE)-FAO “Perspectiva agrícolas del informe del estado mundial de la pesca y la acuicultura” de 2016, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y las Agricultura[4].

A pesar de que en términos absolutos se prevé un incremento en la producción para 2026, la actividad tendrá un crecimiento porcentual muy por debajo de la medida comparativa de la década anterior. La tendencia variará durante todo el período como consecuencia de las afectaciones de fenómenos naturales.

El referido informe prevé además que la contribución de la acuicultura a la producción pesquera mundial superará a la de la pesca para 2021, esto debido al vínculo directo entre la pesca y las afectaciones de la naturaleza ya sean por causas naturales o por prácticas agresivas del hombre. Con estas proyecciones, la acuicultura se convertirá en el principal impulsor del cambio en el sector[5], a pesar de la tendencia a la baja en cuanto su crecimiento: “… se estima que la disminución

observada en el crecimiento de la acuicultura continuará, al bajar de 5,3 % anual durante el período 2007-2016 a 2,3 % anual para el período 2017-2026”[6].

El informe de la ODCE nos complementa la información sobre el impacto acuícola al estimar que “… la producción de especies selectas de agua dulce, incluidos el bagre/pangas, la tilapia y la carpa, aumentará con mayor rapidez durante la próxima década, todas ellas por más de 35 %, en tanto que el salmón/trucha y el camarón aumentarán alrededor de 27 % y 28 %, respectivamente, y los moluscos en cerca de 24 %”[7].

Con una población mundial en constante aumento y sintiéndose con fuerza los efectos del cambio climático, sin duda la seguridad alimentaria mundial requiere planificación. Los desafíos pasan por garantizar no solo el acceso a los alimentos, sino que además los mismos deben ser saludables y nutritivos. Entretanto se debe avanzar en la utilización de los recursos naturales de manera sostenible y sustentable para aportar a la mitigación de los efectos del cambio climático, tal como lo expone el informe de la ODCE en el inicio de su prefacio.

La pesca y la acuicultura son actividades fascinantes y desafiantes; son muchos los factores que en ellas intervienen y que influyen en su evolución y dinámica. La ODCE nos refiere varios: la “degradación ambiental y la destrucción de hábitat; la sobreexplotación pesquera; la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR); el cambio climático, los asuntos transfronterizos relativos al uso de recursos naturales; la gobernanza deficiente; la invasión de especies no endémicas; las enfermedades y fugas; la accesibilidad y disponibilidad de sitios y recursos hídricos, así como la tecnología”.

Sin duda el mercado internacional no escapa a esta vertiginosa realidad y su vinculación con el mercado financiero y de consumo internacional, asociado a los niveles de desarrollo de cada región, nos vislumbra no solo un crecimiento en la producción pesquera, especialmente en la acuícola, sino además una disparidad por región asociada a las capacidades de inversión de cada nación, ya sea por planificación gubernamental o inversión privada.

La correcta gestión de estos recursos naturales, ya sea mediante la pesca o la cría, tendrá un impacto notable en el sector y en las condiciones de vida de la sociedad en los venideros años. Debe asumirse, además, como apropiación histórica la responsabilidad individual y colectiva de garantizar el uso racional y sostenible de las riquezas que la madre tierra nos otorga

[1] FAO, 2016. El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2016 / Contribución a la seguridad alimentaria y la nutrición para todos. Roma, prólogo pp ii.

[2] PNUD, “ODS 14 Vida Submarina”. Portal web http://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals/goal-14-life-below-water.html

[3] Ibídem.

[4] FAO 2016. El Estado Mundial de la Pesca y la Acuicultura 2016/ Contribución a la seguridad alimentaria y la nutrición para todos. Roma. Pp

[5] Ibídem, pp. 190 -191.

[6] Informe de la ODCE, p. 127. Ubicación https://www.oecd-ilibrary.org/docserver/agr_outlook-2017-es.pdf?expires=1530657776&id=id&accname=guest&checksum=3783F4D40DCF26D41274570A5471BCD2

[7] Ibídem.