La Guaira 06.7.19.- La satisfacción más grande de un pescador es volver vivo en la mañana y traer una “buena pesca”, así de sencillo. “Cuando uno sale en la tarde a faenar la familia queda con un credo en la boca”, señala Francis Hernández, pescador artesanal venezolano del antiguo estado Vargas (hoy La Guaira), al referirse a los incontables peligros que encierra el oficio.

Una de esas situaciones peligrosas puede ocurrir en plena noche en alta mar cuando los barcos transatlánticos no atisban ni se percatan de sus pequeños peñeros —pese a las señas y la luz de fondeo— y pueden arrastrarlos o partir en dos la embarcación, si no cortan con rapidez la red. Otro peligro puede provenir de las tormentas, pues “voltean los barcos y allí no vale que lleves salvavidas”.

A los pescadores también les afecta la vida el recibir diariamente el sol del puerto, el salitre y el sueño alterado, porque no tienen un horario convencional para trabajar. Pero Francis no se atemoriza y ratifica su determinación: “Me gusta ser pescador, es mi vida y lo seré hasta que Dios me dé la oportunidad. Si toca, haré otra cosa, claro está, pero esto es lo que quiero”.

Saber y hacer de un pescador

En Playa Verde (Mar Caribe) la mañana despierta con el alborozo del regreso de los pescadores. Salieron a las cuatro de la tarde del día anterior: luego de revisar su lancha, chequear combustible y aceite, cargan los artes de pesca (en este caso redes) y preparan sus provisiones de agua y alimento. Se hacen a la mar durante dos horas, recorriendo entre 25 y 50 millas náuticas (1 milla náutica equivale a 1825 m), y al llegar al lugar escogido lanzan sus redes y las amarran a la lancha, prenden las luces de vigilia y, sin estar anclados, se dejan llevar por la corriente “al garete”, hacia arriba y hacia abajo. A las tres de la madrugada empiezan a recoger la red, con la esperanza de haber tenido una pesca productiva, allí comienza la preocupación… que si traen o no traen, y a veces no pescan…

En el muelle los esperan los compañeros que no zarparon y que harán la faena de sacar los pescados, limpiarlos, pesarlos, ponerlos en la cava o llevarlos a la venta. Están algunas de sus compañeras que venden café o empanadas. Hay efectivos militares. También los “caveros” o dueños de camiones-cava autorizados. Afuera del portón espera la comunidad, presta a comprar pescado un poco más “barato”.

Un canto de gallo y el ladrido alegre de muchos perros completan el escenario para la entrevista.

—Según su percepción, señor Francis, ¿qué es un pescador?

—Un pescador es aquel que está a diario en esta brega, el que maneja el oficio, los artes de pesca, así no salga al mar, pero conoce todo lo relacionado con la actividad. Pescador no es solo el que pesca, la familia de uno también es pescadora, ellos heredan nuestros conocimientos y el oficio, aunque algunos hijos terminen siendo universitarios o agricultores.

Para completar, interviene María Quesada del Consejo de Pescadores y Pescadoras Artesanales (Conppa) de Playa Verde: “La de pescador es una de las profesiones más importantes del mundo. Se dice artesanal, pero nuestros insumos son importados, costosos, no artesanales, por eso hay que recuperar la inversión”.

     

Mito o realidad

En Playa Verde el arte de pesca empleado es la red de cordel —no de nylon porque está prohibida en Venezuela—, por eso pescan de noche, pues “en este horario las especies salen a la superficie”. La mejor época del año para la pesca es entre enero y marzo, cuando una buena faena puede arrojar hasta mil kilos por barco. Cuando hay luna “grande” no salen a faenar.

—Creemos que el pescado con esa luna no sube. Es así, salen las embarcaciones y no hay pesca. Entonces durante esa semana de luna llena, nos dedicamos a reparar las redes, arreglar los barcos, ver a nuestras familias, pues muchos no son de Vargas.

—¿Cuántos pescadores salen por embarcación?

—Tres. El capitán que es el que maneja la lancha y opera los motores y los dos marineros que echan la red al agua y sacan la pesca. Dependiendo de cómo esté la cosa, a veces va sólo el patrón y un marinero…

—¿Cómo se distribuye la ganancia?

—La faena de trabajo es de 20-21 días al mes (debido a la semana de luna llena). Al final de este lapso, se saca la cuenta de cuántos fueron los gastos, de lo que reste, 50 % es para la embarcación (el dueño de la lancha) y 50 % para los tripulantes, dependiendo, pues, si cosen las redes o hacen más tareas, ganan más. Hay patrones que tienen una o dos lanchas.

—Actualmente, ¿cuál factor incide más en el trabajo del pescador?

—Conseguir gasolina y aceite de motor adecuado (20-50) y sus altos costos, sobre todo de este último. Cada lancha usa de 3 a 5 bidones de gasolina (de 50 litros cada uno). No tenemos dónde surtir combustible, salvo en el puerto de La Zorra (al cual asisten todos los pescadores de la zona) y en la marina de Puerto Viejo (que es una bomba deportiva privada). En cuanto al aceite, requerimos de 5 litros por día, por lancha. Es grave pues no hay suministro legal y “bachaqueado” nos cuesta 16 mil bolívares.

También la inseguridad ha hecho mella en el trabajo del pescador artesanal de Playa Verde, siendo, según Hernández, el Conppa de la entidad varguense que más ha sufrido el robo de motores en alta mar. “Pesan una barbaridad, pero a los piratas del mar pareciera que no les pesa mucho”. Cada lancha usa dos motores de 75 caballos de fuerza. Todos los días deben cargarlos y descargarlos y dejarlos en una “guardería” de motores que tienen allí en el Conppa.

—¿Qué come un pescador?

—(risas) Guá… pescao y lo que se consiga. Todo está muy caro.

—¿Llevan licor a su faena?

—No, para nada. Hemos avanzado tanto en la organización que ya no se permite tomar, antes sí. Queremos sembrar conciencia en nuestros compañeros de que eso no está bien, que puede ocasionar accidentes. Queremos que el pescador se tome su trabajo en serio, como un profesional que es. Él tiene su empresa y este es su medio de trabajo.

¿Qué pescan?

-Especies que están prácticamente en la superficie: atún oceánico, albacora, aguja y palagar, ocasionalmente dorado.

-La red mide 1.200 metros y pesa alrededor de 1.500 kilogramos, mojada.

   

El Conppa de Playa Verde

Hernández es vocero principal del Conppa de Playa Verde, que agrupa a 180 pescadores, en edades comprendidas entre 20 y 70 años. También es vocero nacional por el Frente de Pescadores de la misma entidad, unidades organizativas creadas a partir de 2008 cuando entra en vigencia el Decreto con Rango, Valor y Fuerza de Ley de Pesca y Acuicultura.

Pesca y solidaridad

El Conppa de Playa Verde tiene una “pescadería socialista” cuyo objetivo es vender a bajo costo a la comunidad pescado aportado por sus miembros (entre 10 y 20 % de la faena diaria). Abre a las 6:00 am y vende un estimado de 500 kilogramos por día. Con lo percibido se hacen gastos comunes, como el arreglo del muelle o para socorrer a algún pescador que haya tenido algún percance.

Media vida (20 años) en La Guaira

Francis no es de Vargas, es oriundo de Carúpano, estado Sucre (al oriente del país). No vino, “lo trajeron”, pues se enamoró, pero además no le gustaba el estilo de pesca en su tierra sucrense, pues lo consideraba como “muy competido y muy peligroso”.

No es hijo de pescador, sino de un agricultor de verduras. Su mamá es ama de casa. Se inició en la pesca en Vargas. Tiene 48 años. Empezó como marinero y trabajó mucho hasta llegar a capitán de lancha. Obtuvo un crédito que ya pagó, y tiene su peñero de fibra de dos motores. Ahora no pesca, es gremialista. Tiene cinco hijos, los dos mayores manejan y operan su lancha.

Ahora vive en Carayaca, una población rural del estado La Guaira, a 40 minutos del Conppa de Playa Verde.

Por Adriana Schöen P. CNP 7.991 /adriana@acuipesca.com /

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