Maracaibo, 07.01.2020.- Un majestuoso paisaje… eso representa la vasta extensión del lago más grande de Suramérica y el octavo del mundo: el lago de Maracaibo, con una superficie de 13.800 km2, ha servido de fuente económica para la región y para el país, con la pesca y con la extracción petrolera, actividades muy conocidas por todos. Además destaca por albergar una gran diversidad de flora y fauna, que incluye a fantásticas criaturas como son los manatíes y las toninas, ambos mamíferos acuáticos estrictos, es decir, que desarrollan todas las etapas de su vida dentro del agua.

Desde épocas inmemoriales, muchos viajeros surcaron las aguas de este ecosistema, y los pobladores se asentaron en palafitos y en sus márgenes costeras; en sus faenas convivían cotidianamente con los apacibles manatíes y los inquietos delfines.

Manatí o “vaca marina”

Trichechus manatus es el nombre científico del manatí, conocido en otras latitudes como “vaca marina”, “manatí del Caribe” o “manatí de las Antillas”. Es el único herbívoro totalmente acuático, con su gran labio superior grueso sujeta la vegetación cuyo consumo significará entre 15 y 20 % de su peso corporal diariamente y en ocasiones puede ingerir pequeños peces e invertebrados asociados a ella.

Son animales robustos con una aleta caudal que asemeja a un remo por ser aplanada dorso-ventralmente; su coloración es gris y es frecuente observar algas adheridas a su gruesa piel de 5 cm, que son las responsables de una apariencia verdosa. Pese a su gran tamaño, ya que pueden alcanzar los 3 m de longitud y entre 360 a 540 kg de peso, se desplazan lenta y sigilosamente en las bahías, ensenadas y caños del lago de Maracaibo, a un promedio de 5 a 8 km/h; sin embargo, son capaces de responder velozmente si se sienten amenazados, pudiendo por un breve período alcanzar una velocidad de 30 km/h.

Su nombre común proviene de la lengua indígena Caribe, quienes utilizaban la palabra manatí para referirse a las mamas. Las hembras, luego de 12 a 13 meses de gestación, generalmente paren una cría, a la cual protegerán y alimentarán por un tiempo finito, que puede ir de 18 a 24 meses. El nombre del orden que agrupa a todas las especies de manatíes existente es Sirenia, término acuñado por los científicos luego que navegantes de siglos pasados al ver en la distancia a una hembra de esta especie y denotar sus mamas les hizo imaginar que estaban en presencia de una sirena, he ahí el origen de toda esta legendaria historia.

Son animales que pueden observarse en grupos pequeños de 2 a 6 individuos, o de forma individual y establecen comunicación a través diferentes chirridos, gruñidos y chillidos. Como todo mamífero, respiran aire, y cuando salen a tomarlo es un buen momento para observarlos en la superficie, pero una vez que realizan una inhalación pueden sumergirse hasta por 20 minutos. Se consideran longevos, pudiendo llegar a vivir 60 años o más.

En el ámbito mundial podemos encontrarlos desde el sureste de Estados Unidos hasta la desembocadura del río Amazonas, incluyendo las Antillas, con una adaptación evolutiva que les permite estar tanto en agua dulce como salada. La ocurrencia de esta especie en Venezuela ha sido reportada en los estados Falcón, Anzoátegui, Sucre, en todo el lago de Maracaibo del estado Zulia y en el río Orinoco, siendo en estos dos últimos sitios muy recurrente su presencia. Pero dos fuertes amenazas antrópicas han sido las responsables de este cambio de panorama: la degradación del hábitat y su cacería ilegal para el consumo de su carne.

Tonina o delfín del Lago

En contraposición al corpulento manatí, en el gigantesco estuario marabino podemos apreciar a las muy estilizadas toninas, nombre otorgado primeramente por los navegantes españoles a los delfines que observaron en el río Orinoco, debido a que la palabra castellana “toñina” la empleaban para denominar los grandes atunes o delfines marinos; luego, con el devenir del tiempo y debido a los movimientos migratorios espontáneos del hombre, el término se extrapoló al delfín del lago, basándose en su tamaño y por encontrarse en aguas que los pobladores consideraban dulces al igual que los ríos. Pero, en este caso, se trata de un genuino representante de la familia Delphinidae, cuyo nombre científico es Sotalia guianensis y es uno de los delfines más pequeños del mundo, alcanzando una talla máxima hasta ahora reportada de 2,20 m y un peso promedio de 55 kg.

Son depredadores por excelencia, se alimentan de una variedad de peces, camarones y cefalópodos, y es ahí donde radica su importancia ecológica, porque son capaces de regular el ecosistema a través del consumo de sus presas y propician su equilibrio.

La especie mundialmente se distribuye desde Honduras hasta Brasil. En el país existen reportes de su presencia en estados como Sucre, Falcón y Miranda, pero su mayor recurrencia es en los primeros 800 km del rio Orinoco y en todo el lago de Maracaibo, considerándose a este último como su principal área de distribución, atendiendo a la magnitud de este cuerpo de agua.

Cuando algún viajero logra apreciarlas, puede denotar el color de su piel que va desde un gris oscuro en su parte dorsal hasta una variedad de tonalidades rosa pastel, gris claro e incluso blanco en su zona ventral. Son animales con estructuras sociales definidas, y por ello siempre se observan en grupos de 2 a 10 individuos, pudiendo llegar a verse congregaciones exuberantes de hasta 250 animales. Las hembras solo dan a luz una cría cada dos o 3 años aproximadamente.

Su comportamiento aéreo y tamaño de agregación está asociado a la actividad que estén desarrollando; por ejemplo, los grupos numerosos son frecuentes cuando se están alimentando y usualmente están conformados por individuos de todas las edades, crías, juveniles y adultos. Estas agregaciones les permiten a los adultos enseñarles a las crías a cazar. También es buen momento para socializar, y para los humanos, próximos a ellos puede resultar una oportunidad idónea para observar a los individuos saltando, girando o emergiendo a superficie a “espiar”, un comportamiento en el que el animal saca la parte superior de su cuerpo para observar su entorno fuera del agua. Poseen un sistema de comunicación, altamente especializado, conocido como ecolocalización, el cual les permite mantenerse comunicados, ubicar y cazar sus presas y reconocer su ambiente.

La tonina del lago es una buena y ágil apneísta; cuando emergen e inhalan aire, estos delfines pueden sumergirse hasta por 7 min y llegar a alcanzar velocidades de desplazamiento hasta de 21 km/h. Pueden llegar a vivir hasta 40 años, según estimaciones realizadas a través del estudio de las capas de dentina depositadas en sus dientes, y luego de los 6 o 7 años alcanzan su madurez sexual y son capaces de reproducirse.

Son el único delfín que habita en el lago de Maracaibo durante todo el año, se ha descrito una gran fidelidad de la especie hacia el área que ocupa, lo que representa una oportunidad muy valiosa para disfrutar su presencia. Pero, al igual que a los manatíes, la degradación de su hábitat y las constantes capturas incidentales han impactado a sus poblaciones. Aunado a ello, a pesar de no ser una tradición cultural arraigada en los pescadores zulianos, recientemente se reportaron casos de cacería dirigida para el uso de la carne de estos delfines como fuente proteica. Lo que incrementa la vulnerabilidad de la especie y aumenta el riesgo de contaminación por metales pesados de quienes consumen su carne. Esto es como resultado de la capacidad fisiológica de los delfines de biomagnificar y bioacumular elementos tóxicos en su organismo.

Aunque ambas especies son cazadas o capturadas incidentalmente en el lago de Maracaibo, gozan de protección legal nacional que prohíbe el aprovechamiento de su carne a través de la Ley vigente de Fauna Silvestre de 1978. A escala mundial están evaluadas en la lista roja de especies amenazadas, por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El manatí es clasificado como “vulnerable” y la tonina como “casi amenazada”. Y puntualmente en Venezuela el escenario es más triste para el manatí quien está en “peligro crítico” y la tonina como “vulnerable”.

Los manatíes y toninas han estado en el lago mucho antes que cualquier navegante, etnias autóctonas o mestizos zulianos, y aun así no han sido lo suficientemente destacadas. Su valor y función dentro del ecosistema es un tema poco discutido, y esto trae como consecuencia que el sentido de pertenencia se vea diezmado.

Cuando mencionamos la palabra delfín, de inmediato la mente divaga hacia el mar, e imaginamos todas las piruetas y algarabía que producen estos animales en su medio natural, pero, si nos detuviéramos por un segundo a pensar con detalle, podríamos notar que incluso atravesando el puente sobre el lago “General Rafael Urdaneta” pudiésemos llegar a ver un grupo de toninas regodeándose; si viajáramos al norte del lago, a isla de Toas, San Carlos, Zapara, podría verse una inmensa vaca marina alimentándose de las plantas acuáticas del lago y, si nos dirigiésemos hacia el sur, el espectáculo podría ser aún más completo: toninas, manatíes y el sinigual relámpago de Catatumbo.

Son muchas las propuestas planteadas para que las poblaciones de estos mamíferos acuáticos permanezcan en nuestras aguas, una de ellas es la creación y publicación en 2017 del “Plan de Acción para la Conservación de los Mamíferos Acuáticos de Venezuela: delfines de agua dulce, nutrias y manatíes 2017-2027”, en este documento se sintetizaron las amenazas que se ciernen sobre las distintas especies, su estado actual de conocimiento y las acciones a ejecutar a corto, mediano y largo plazo.

Tanto para las toninas como para los manatíes, se hizo hincapié en la realización de censos poblacionales en el lago de Maracaibo, cifra requerida para poder cuantificar el impacto de las actividades antrópicas. En el plano de las estrategias de manejo, se considera vital la participación de los pescadores en acuerdos enfocados a mitigar las capturas.

Fue el conocimiento previo de la existencia de estas especies, y particularmente de la tonina del lago, lo que desembocó en el surgimiento del “Proyecto Sotalia”, que incorpora objetivos de investigación, conservación y educación con diferentes escalas temporales. A pesar de ser la tonina la especie focal, en cada propuesta planteada, dentro de algunas de las aristas previamente mencionadas, se destaca el valor de la biodiversidad presente en este ecosistema, la importancia de la salubridad de sus aguas, el impacto de la disminución de las poblaciones de peces, cangrejos, camarones y mamíferos que en él habitan.

Debido a la expansión de los asentamientos humanos en las zonas costeras y a las actividades desarrolladas en esa zona, se ha incrementado el riesgo contra la perpetuidad de las poblaciones de estos místicos mamíferos. A las amenazas mencionadas, se le suman —como en ningún otro lugar del mundo donde están presentes las especies de manatí y delfín— los tan frecuentes derrames petroleros en el lago, los cuales han sido estimados en 15 al mes, situación que debería revertirse con celeridad, antes que el impacto supere la capacidad de respuesta y suceda algún colapso del ecosistema.

La presencia de mamíferos acuáticos ha sido considerada como un indicativo de buen estado de los ecosistemas que ocupan. Por ello, más allá de un panorama desolador, la convocatoria es a que cada ciudadano participe activamente para minimizar los impactos negativos. Limitando el uso de plásticos de un solo uso como los pitillos, bolsas, cubiertos, que con frecuencia son desechados en menos de 20 minutos luego de su uso, evitar arrojar aceite por las tuberías de los hogares o directamente en las aguas del lago. Exigir a los responsables de velar por la sanidad del lago que cumplan con su deber, porque es una fuente de ingreso para unas 800.000 familias de manera directa e indirecta. Resarcir con proyectos de saneamiento ambiental la afectación por los subsecuentes derrames petroleros, entre otras acciones.

Además, la presencia de estas especies emblemáticas posibilitaría un futuro desarrollo ecoturístico. En un contexto investigativo, las personas que se acerquen al enigmático lago de Maracaibo pueden contribuir también, a nivel científico, reportando los varamientos u otras observaciones de cualquiera de estas dos especies. Los manatíes y delfines también son parte de la historia y cultura no solo de los zulianos sino de todos los venezolanos. La presencia de ambas especies suma para hacer de Venezuela el séptimo país en megadiversidad del mundo, motivo de orgullo y una invitación a aproximarnos a redescubrir cada día la fauna y flora con la que convivimos.

Autora: PhD. (C) Yurasi Briceño @proyectosotalia
La Universidad del Zulia. Centro de Ecología.
Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

Foto principal: Manatí o vaca marina, cortesía de @proyectosotalia